Geopolítica

El rumbo del movimiento revolucionario en Colombia

Como es bien sabido por todos, desde el 28 de Abril inició el glorioso paro nacional en Colombia. Este paro ha tenido una gran relevancia no sólo para la situación nacional, sino también en otros países. Sin embargo, ante las diversas situaciones que se han presentado a lo largo del mismo, se hace importante revisar la situación actual del mismo, y buscar nuevas formas de continuar consecuentemente.

Tomar en cuenta la situación actual del movimiento

Es evidente que después de casi un mes de intensa lucha en las calles, las masas se encuentran agotadas. No sólo es de esperar, sino también comprensible. El pueblo y la clase obrera colombiana han resistido con firmeza y valentía, lo cual trae cierto desgaste. Sumado a ello, la creciente represión estatal policial y militar, y también la represión paraestatal, ha desanimado a muchos de salir a las calles. Por ello, es de urgencia que nos planteemos nuevas formas de continuar tomando en cuenta el cansancio.

Ante el agotamiento, es deber nuestro buscar nuevas estrategias para mantener la movilización popular de masas y, a la vez, buscar cierto respiro que permita recargar energías. Una estrategia podría ser la rotación de las fuerzas. Si bien es cierto que las marchas son un movimiento mayormente espontáneo, dentro de las mismas se puede crear organización, especialmente entre nosotros, el elemento consciente. Si las masas se organizan, por días saldrán distintas personas marchar. De esta forma, continuaremos la movilización, pero al no hacerlo todos al mismo tiempo, las personas que no salen tal día podrán descansar.

También sería interesante evaluar otros tipos de huelga. Para reponer el desgaste, se pueden iniciar acciones tales como planes tortuga en las unidades productivas, así como huelgas intermitentes que garanticen el mantenimiento de la presión popular a los capitalistas, pero con actividades menos desgastantes para las masas. En fin, como siempre, sólo la experiencia nos dirá que hacer exactamente. Lo importante, es tener en cuenta el estado anímico de las masas, y, consecuentemente, buscar nuevas estrategias para mantener la movilización popular.

Otro aspecto importante a tomar en cuenta es el terror de Estado. Las acciones de la policía y el ejército han dejado decenas de muertos y cientos de heridos y desaparecidos. Nunca antes se había vivido tan sangrienta represión. La estrategia de infundir el miedo para disuadir a las personas de marchar ha funcionado. Es deber de nosotros, como elemento consciente de las manifestaciones, combatir esta campaña de miedo con propaganda y agitación. Debemos fortalecer la resistencia popular y fomentar los elementos subjetivos de la revolución, con tal de contrarrestar la campaña mediática iniciada por los grandes capitalistas.

Igualmente, uno de los factores que ha debilitado al paro ha sido la relativamente baja participación del proletariado industrial. A diferencia de ocasiones anteriores, esta vez el protagonismo lo ha tenido la juventud obrera, los estudiantes, las minorías indígenas y otros sectores que, si bien han afectado la producción, por su posición no han afectado el corazón de la misma: el sector industrial. Si queremos que la huelga realmente remueva las fibras del país, es necesario que el proletariado industrial también participe masivamente en el paro. Así, tenemos la misión de animar a todos los obreros de las fábricas, principalmente los de las más grandes, a unirse al paro bien sea mediante los ya mencionados planes tortuga, huelgas intermitentes o directamente con su sindicalización en centrales obreras independientes y revolucionarias.

La importancia de la organización del paro

Igualmente, un tema crucial para el destino de la rebeldía popular es la organización de las protestas. Si bien es cierto que existe un autodenominado Comité Nacional de Paro (CNP), si vemos la realidad, ni el CNP, ni los partidos de “oposición”, ni los jefes vende-obreros de las centrales obreras principales representan la verdadera voluntad de las masas que se movilizan. Entonces, ¿Quién representa a los obreros y demás sectores del pueblo que se están movilizado? Este es uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos actualmente, pues no existe como tal una dirección del paro, sino que éste se compone de diversos sectores que, si bien tienen una agenda mayormente común, no poseen una dirección unificada.

Para avanzar en este aspecto, debemos reconocer la forma histórica que han tomado las asociaciones de trabajadores en estos casos: las asambleas. Se formaron en Francia entre 1870 y 1871, en Rusia surgieron en 1905 y los llamaron sóviets, en China surgieron durante los 1920 y 1930, y resurgieron entre 1966 y 1968… En fin, la historia ha demostrado que estas asambleas obreras, amplias, populares y de democracia directa, son la forma predilecta de organización del proletariado. Estas asambleas combaten todo tipo de burocratismo, las masas mismas se encargan de decidir su destino en reuniones amplias. Estas asambleas son la forma embrionaria del nuevo poder democrático de la dictadura del proletariado.

Es cierto que el movimiento no tiene como meta final la toma del poder estatal por parte de la clase obrera. Pero aún así, es una oportunidad perfecta para iniciar a socavar el poder estatal de la clase capitalista. En estos días de protesta, han surgido espontáneamente y a lo largo del territorio nacional diversas asambleas. Sin embargo, son pocas en número, y están atomizadas. Los comunistas revolucionarios debemos luchar por la conformación y expansión de estas asambleas obrero-populares. ¿Cómo? A nivel de barrio, de vereda, de colegio, de fábrica y de taller y etc. de otros escenarios de la vida, debemos realizar la labor de propaganda y agitación para la conformación de las mismas. No debemos esperar a que surjan espontáneamente, esto sólo nos quita tiempo que no tenemos y nos deja en una posición poco ventajosa ante las masas. Nosotros mismos debemos iniciar estas asambleas. Debemos organizarnos con algunos camaradas también comunistas revolucionarios, y establecer una fecha y un lugar en el que se realizará la asamblea. Luego, a través de volantes, carteles, redes sociales y demás medios, convocar a las masas para su reunión. Nosotros, al ser los organizadores, podremos avanzar en la consolidación de las condiciones subjetivas necesarias para la futura revolución. Es de vital importancia que, a la hora de realizar la asamblea, incitemos a las masas a formar una dirección de la misma, algo así como un presídium o un comité ejecutivo, que sirva como vocero o “cabeza visible” de la misma, con tal de que no sea solamente una asamblea aislada, sino que pueda conectarse con otras asambleas.

Debemos hacer esto en cuantos sitios como sea posible. Luego, a través de los presídiums o comités ejecutivos, entrar en contacto con las demás asambleas, y buscar la formación de un Congreso de las Asambleas Obrero-Populares, a nivel de municipio, departamento, localidad, ciudad y, lo más importante para lograr una dirección unificada, nacional. Es una labor ardua, es cierto. Sin embargo, la conformación de estas asambleas confiere al movimiento revolucionario una dirección. Así no se llegue a la creación de la dirección unificada a nivel nacional, podemos utilizar las asambleas de bajo nivel, barriales, veredales, de unidad productiva, de municipio, etc., para hacer llegar nuestras demandas a las autoridades locales, y que estas, ante la presión popular, las eleven a través de las instituciones burocráticas al gobierno central. Además, como forma embrionaria del nuevo poder, nos permiten avanzar en la construcción futura de la revolución y, ¿Por qué no?, del Partido Comunista o cualquier otra organización política unificada de la clase obrera y el pueblo entero, en pocas palabras, de la tan sonada vanguardia de la revolución.

Sobre la construcción del Partido Comunista habría que hablar propiamente en otra ocasión. Pero ahora expondré algunas cuestiones básicas sobre el mismo. Es cierto que en Colombia ya existe el Partido Comunista Colombiano (PCC). Sin embargo, si revisamos la historia del mismo, nunca, y hoy en día menos, se ha tomado en serio su labor de ser la vanguardia del proletariado. En la actualidad le basta y le sobra con ser un “partido de oposición”, y su mayor objetivo es recuperar el reconocimiento de su personería jurídica ante el Estado. A parte del PCC, otras organizaciones también han buscado ser esa vanguardia de la revolución. El MOIR, el Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista, el Maoísta, etc. Ninguno ha conseguido mucho éxito en su labor, y, al contrario, han llegado a ser contraproducentes a la revolución. Es por ello que, efectivamente, se necesita una rectificación dentro del movimiento comunista colombiano, que acabe tanto con el revisionismo como con el oportunismo, y que de como resultado un Partido Comunista unificado y revolucionario. En los momentos de paro, la acción de los comunistas independientes, no necesariamente en un partido o unidos en alguna agrupación que no sea como tal un partido, es útil para el crecimiento del movimiento comunista. Sin embargo, una vez superado ese momento, es necesario continuar con la tarea de construir el Partido. Utilizando el camino sembrado por el actual movimiento, hemos de avanzar hacia el triunfo final de la clase obrera y el pueblo. En un principio, se puede avanzar en la conformación, paralelo a las asambleas obrero-populares, de organizaciones que si bien no vayan a conformar al partido como tal, apoyen su futura creación y sirvan como organizaciones del mismo, tales como comités de obreros y campesinos pobres, sindicatos revolucionarios (el movimiento sindical también debe retomar la línea adecuada para la revolución) y demás organizaciones de la clase obrera.

Finalmente, para este punto sólo me queda por recalcar la importancia que, una vez obtenidas las reivindicaciones que busca el movimiento revolucionario espontáneo, no abandonemos la práctica de las asambleas obrero-populares, sino que, al contrario, la ampliemos. Debemos crear las bases de apoyo para la revolución, y aumentar el nivel de conciencia e independencia del proletariado. No dejemos de promover las asambleas en los barrios, en las fábricas, en los colegios. Organicemos la creación de las mismas y promovamos que se encarguen autónomamente de los problemas de la vida diaria, que hoy parecen banales, pero que son las bases más firmes para el nuevo poder.

Sobre la defensa ante los ataques del Estado

Uno de los puntos que han demostrado tener gran importancia durante esta coyuntura, es la organización de grupos populares que hagan contrapeso a los ataques policiales, militares y paramilitares. Durante el paro, diversos grupos, conocidos comúnmente como “primera línea”, surgieron y han actuado como defensa de los manifestantes civiles. Anteriormente, tal nivel de autoorganización pocas veces se había visto. En el paro del 21 de noviembre de 2019 se vieron los primeros de estos colectivos. Pero ante la actual situación de violencia y represión estatal, estos han proliferado y se ha comprobado su necesidad en el rumbo del movimiento revolucionario.

La organización de estos grupos de guardia popular no es un asunto sencillo, especialmente, porque al ser combatientes civiles siempre van a estar en situación de desventaja. Ya lo advertía Engels en su introducción de 1895 a Las luchas de clase en Francia de 1848 a 1850, de Marx. Ante el avance de la tecnología y la estrategia de las fuerzas represivas del Estado, la lucha “a la antigua”, en las barricadas, se dificulta dada la evidente desventaja en que se encuentran los combatientes civiles. Es por ello, que estos últimos deben adoptar las tácticas adecuadas para realizar eficientemente su labor. Esta situación nos sirve para perfeccionar la situación futura, porque, a diferencia de lo que creen algunos, es poco probable que la guerra popular en Colombia tome la forma de una insurrección armada. Es más seguro que tome una forma similar a la de la actualidad, como una gran insurrección de masas que se toman las calles y construyen el nuevo poder.

Es de vital importancia entender la posición en la que se encuentran estos grupos de “primera línea”. Son combatientes civiles y desarmados. ¿Sus armas? Las del trabajo; rocas, palos, agua con bicarbonato y leche de magnesia. ¿Sus armaduras? Cascos de construcción y escudos artesanales ¿Su entrenamiento? La experiencia misma de luchar en las calles. ¿Su táctica? La que la situación merezca. Estos grupos son totalmente distintos a los grandes represores, con sus costosísimos equipos y duro entrenamiento. Los guardias populares, la “primera línea”, se encuentran en una clara situación de desventaja. Urge que éstos adopten las estrategias adecuadas para que las fuerzas profesionales no los derroten.

En primer lugar, es importante que el elemento consciente entre en contacto con estas personas. Deben esparcir la conciencia de clase y ayudarles en cuanto puedan. A través de las asambleas obrero-populares, podemos dar dirección y apoyo a estos grupos. Igualmente es importante que el elemento consciente pueda ser capaz de inspirar respeto entre los combatientes civiles, con tal de que estos acepten sus consejos y puedan ordenarse y triunfar en su labor. En segundo lugar, es importante establecer una organización interna. No todos pueden dedicarse a combatir. Nuevamente, desde las asambleas obrero-populares, podemos repartir las labores, encargando a algunos de dar primeros auxilios a los heridos, a otros de resguardar a las personas que no se encuentran en condiciones de combatir, a otros que opongan resistencia directa a los ataques policiales y etc. de labores necesarias.

Igualmente, es muy importante que estos grupos sepan utilizar las tácticas adecuadas. Evidentemente, en un combate directo los combatientes civiles tienen todas las de perder. Es por ello, que se vuelve necesario encontrar otras formas de resistencia. Debemos recordar que el principio fundamental de la guerra popular (porque sí, el Estado tiene una guerra contra el pueblo) es conservar las fuerzas propias y acabar con las del enemigo. Bajo este principio, los combatientes civiles poseen una ventaja sobre los profesionales. Mientras las armas del trabajo son fáciles de reponer y la “primera línea” goza de gran movilidad, las grandes armas de las fuerzas represivas son costosas, difíciles de reponer y no tan extremadamente móviles. De esta forma, los combatientes civiles pueden acabar con las fuerzas enemigas sin siquiera adoptar una posición ofensiva contra estas. Pueden emplear principios móviles, y agotar al enemigo moviéndose de un lado a otro. Evidentemente, en este proceso para atraer al enemigo, no es necesario, y no sólo eso sino tampoco es para nada prudente, protagonizar grandes desmanes. El paro no es robo, ni saqueo, ni daño a la propiedad pública. El simple hecho de hacer acto de presencia (Preferiblemente en zonas abiertas, con poca población permanente, y en las que el menor número de personas posible resulte afectado por las actividades represivas) basta para atraer a la policía, el ejército y demás represores. Los movilizarán hasta allá, donde estarán un rato, y después se desplazarán hasta otro punto, volviendo difícil el abastecimiento de material bélico y el reagrupamiento de las fuerzas.

Resumiendo un poco, para la adecuada dirección de las “fuerzas de choque” populares, es importante que el elemento consciente se gane su respeto y sea capaz de dirigirlas. Así mismo, con la generalización de las asambleas obrero-populares, se debe fomentar la organización de estos grupos, sirviendo como protectores del pueblo combatiente ante la represión estatal y paraestatal. Estos grupos, ya organizados, deben utilizar las estrategias más convenientes, empleando sus ventajas, la alta movilidad y capacidad de recuperación, para socavar las ventajas del enemigo.

Sobre el levantamiento del paro

Uno de los puntos más polémicos entre los marchantes, es el momento de levantar el paro. Mientras el CNP y sus adeptos empiezan a flaquear, otros hablan de prolongar el paro porque sí. Ninguna de estas posiciones es realmente acertada en cuanto a lo que hay que hacer. Una cosa es clara: el paro evidentemente no se puede prolongar para siempre, en algún momento va a tener que acabar. El momento de hacer esto es el gran problema que se nos presenta.

A la fecha de escrito este artículo, tanto la reforma tributaria como a la salud fueron tumbadas por la fuerza popular, a lo que se añade el anuncio de la “matrícula 0” (gratuita) para los estudiantes en el próximo semestre, junto con algunas renuncias en el gabinete del gobierno. Si bien puede parecer que los reclamos de las masas llegan hasta allí, realmente van más allá. El desmonte del ESMAD (o aunque sea su reforma, mientras se puede desmontar, porque el actual gobierno ni loco lo va a hacer), el aparato represivo especial de la policía para las protestas, es de suma importancia. Asimismo, otras cosas como la investigación de las decenas de homicidios por parte de las fuerzas represivas, la presentación de un plan de vacunación realmente eficiente o incluso la correcta implementación de los acuerdos de paz, cobran gran importancia entre los manifestantes.

Aún así, es importante sabe cómo va a ser la inevitable retirada que en algún momento se va a dar. Ante todo, el comprender adecuadamente que el actual movimiento es totalmente espontáneo y sin una dirección central, nos dice que lo más probable, es que simplemente una vez las masas sientan que sus demandas han sido satisfechas, se retiren sin más. Evidentemente, este paro al estar buscando unos mínimos, no va a afectar como tal a la institución capitalista, aunque sí demuestra la fuerza y capacidad de movilización que poseen las grandes masas populares en Colombia. Sin embargo, la retirada espontánea puede dejar vacíos en el “programa” general de las protestas, y, eventualmente, destruir la mayor parte de sus esfuerzos.

Así como la organización del paro puede determinar su rumbo inmediato, también puede determinar su final. A través de las asambleas obrero-populares, comités de paro y demás asociaciones de las masas, el elemento consciente debe procurar la organización de una retirada ordenada y escalada, en la que se demuestre la fuerza popular y se levante el paro sin que el gobierno lo pueda considerar una “victoria” suya, sino más bien un paso necesario del programa de mínimos. Sobre la forma de garantizar este programa, evidentemente hay que obtenerlo mediante el diálogo, pues no vamos a obtener el poder para nosotros. Pero no el “diálogo” que propone el gobierno, con empresarios, banqueros, políticos y demás grandes capitalistas que nada tienen que ver con la rebelión de las masas. Ese diálogo debe ser simplemente la forma en que se comuniquen las demandas ante los gobernantes, sin sentarse a permitir que los politiqueros de siempre engañen a las masas con una “negociación”. Aquí no hay nada que negociar, los puntos los pone el pueblo y nadie más. Igualmente, algunos exigen que el presidente renuncie. En lo personal, esto me parece realmente poco conveniente. Obviamente tampoco acepto el llamado a que “el gobierno se fortalezca” que hacen los sectores reformistas, pero por el simple análisis de la línea de mando en el gobierno central, el que el presidente renuncie no es nada conveniente. Que termine su mandato, eso sí, debilitado e impotente.

Para concluir, quiero resaltar una vez más la importancia de no abandonar la construcción del nuevo poder sino de ampliarla. Las asambleas obrero-populares, los comités de fábrica, los sindicatos revolucionarios, son todas herramientas importantes a la hora de consolidar el socialismo. Debemos avanzar en la organización de esta huelga política de masas como antesala para la revolución, y ampliar las acciones de los comunistas revolucionarios. Hay que mantenernos firmes con las masas, y con la clase obrera entera continuar hasta el triunfo definitivo.

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