Socialismo

Los comunistas y las elecciones

Uno de los temas de discusión más polémicos entre los comunistas es la participación electoral. Para unos, es legitimar a las clases dominantes en el poder, al hacer uso de sus instituciones. Para otros, constituye la más avanzada, y por lo tanto la más óptima forma de lucha. Sin embargo, la existencia de estas dos posiciones nos lleva a preguntarnos, ¿Cuál es la importancia que los comunistas deben dar a las elecciones? En este artículo, analizaremos el uso de medios electorales, y la importancia que los comunistas deben darles.

Marx y Engels sobre las elecciones

Desde los tiempos de Marx y Engels, la participación electoral de los socialistas ya era tema de discusión. A medida que fue pasando el tiempo, las dos tendencias que ya mencionamos se consolidaron: por un lado, algunos se oponían rotundamente a la participación de los trabajadores en las elecciones, y por el otro, las tendencias seguidoras de Lassalle, y posteriormente de Bernstein, consideraban estas como el principal medio de los trabajadores para obtener sus objetivos.

Marx y Engels, en su célebre Manifiesto del partido comunista, sostuvieron que la asociación lógica de la clase trabajadora para obtener sus objetivos era un partido político. En su Circular del comité central a la Liga Comunista, se refieren a la participación en las elecciones que:

“El proletariado vigilará en primer término para que ningún obrero sea privado de su sufragio por los trucos de las autoridades locales o de los comisionados del Gobierno;  en segundo lugar, hará que contra los candidatos burgueses democráticos se presenten en todas partes candidatos de la clase trabajadora, quienes, en la medida que ello sea posible, deberán ser miembros de la Liga y por cuyo triunfo todos deben trabajar por todos los medios a su alcance. Incluso en los distritos donde no hay posibilidad de que nuestro candidato salga triunfante, los obreros deben, no obstante, presentar nombres a los fines de mantener su independencia, templar sus fuerzas y presentar su actitud revolucionaria y los puntos de vista del partido ante el público.

No deben desorientarse y abandonar su trabajo por la consideración de que dividiendo los votos demócratas ayudan a los partidos reaccionarios. Tal argumento se aduce para engañar al proletariado. El avance que el partido proletario puede hacer con su actitud independiente es infinitamente más importante que la desventaja que resulta de tener unos reaccionarios más en la representación nacional”

(K. Marx, F. Engels. 1850)

Uno de los principales puntos aducidos por los opositores a la participación electoral de los comunistas, es que no tiene sentido ir a unas elecciones en las que se va a conseguir un número muy bajo de votos. Este punto, como se pudo evidenciar, tiene ya una larga trascendencia, tanto así, que Marx y Engels ya nos dieron la respuesta: los comunistas deben participar en las elecciones, así no ganen, para exponer su programa al proletariado en general, y mantener la independencia de la clase trabajadora respecto a los partidos burgueses.

Con el pasar de los años, los comunistas adquirieron el nombre político de socialdemócratas. Y es en el seno de este movimiento, que las desviaciones sobre la participación electoral variaron desde el abstencionismo, hasta la consideración de la vía electoral como el único medio legítimo por medio del cual los trabajadores pueden llegar al poder. Esta desviación empezó con la Asociación General de Trabajadores de Alemania, fundada por Ferdinand Lassalle, que consideraba el sufragio universal como el principal medio para que la clase trabajadora obtuviera sus objetivos, y a los demás medios de acción directa como ineficientes. Posteriormente, tras la unificación del socialismo alemán en el Congreso de Gotha, esta línea pasaría a ser defendida principalmente por Eduard Bernstein, y sus seguidores serían conocidos como revisionistas. Bernstein llega a renunciar totalmente a las vías revolucionarias para tomar el poder, quedando esto plasmado en su obra Socialismo Evolutivo, en la que argumenta cómo una sociedad cooperativa podría evolucionar pacíficamente del capitalismo al socialismo mediante la reforma social. En dicha obra comenta:

“Toda la actividad práctica de la socialdemocracia está dirigida a crear circunstancias y condiciones que hagan posible y asegure una transición (libre de arrebatos convulsivos) del orden social moderno a uno superior. Desde la conciencia de ser los pioneros de una civilización superior, sus adherentes están creando siempre una nueva inspiración y celo. En esto descansa también, finalmente, la justificación moral de la expropiación socialista a la que aspiran. Pero la ‘dictadura de las clases’ pertenece a una civilización inferior, y aparte de la cuestión de la conveniencia y practicabilidad de la cosa, sólo debe considerarse como una reversión, como un atavismo político. Si se suscita la idea de que la transición de una sociedad capitalista a una socialista debe realizarse necesariamente mediante el desarrollo de formas de una época que no conocía en absoluto, o sólo en una forma bastante imperfecta, los métodos actuales de iniciación y cumplimiento de las leyes, y que no tenga los órganos adecuados para ese propósito, se iniciará la reacción.”

(E. Bernstein. 1899)

Como se puede ver, esto corresponde, efectivamente, a una revisión del análisis material de la historia de Marx y Engels, análisis que los llevó a concluir que para lograr la emancipación del trabajo y de los trabajadores en general, era necesario que estos ostentaran el poder político estatal mediante su dictadura de clase, lo que, a su vez, abriría las puertas a la futura sociedad sin clases. Bernstein renuncia totalmente a la vía revolucionaria y se conforma con las reivindicaciones políticas conseguidas, como el sufragio universal, para que la clase trabajadora obtenga el poder. Engels se refiere a Bernstein y sus seguidores en su Contribución a la crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891, diciendo que «sería peligroso tocar ese tema [Las reivindicaciones políticas]. No obstante, sea como fuere, las cosas deben ponerse en marcha. Hasta qué punto eso es necesario lo prueba precisamente ahora el oportunismo que comienza a propagarse en una gran parte de la prensa socialdemócrata (…) Quieren convencer a sí mismos y al partido de que “la sociedad actual se integra en el socialismo”, sin preguntarse si con ello no está obligada a rebasar el viejo orden social; si no debe hacer saltar esta vieja envoltura con la misma violencia con que un cangrejo rompe la suya; si, además, no tiene que romper en Alemania las cadenas del régimen político semiabsolutista y, por añadidura, indeciblemente embrollado».

Si bien es cierto que Marx y Engels se oponían rotundamente al uso exclusivo de medios electorales para la toma del poder, no consideraban inútiles las elecciones. En múltiples ocasiones, mencionaron cómo estas podían servir para hacer un reconteo de números de los comunistas, escribiendo sobre ello Engels más que Marx. En uno de sus últimos escritos, en el prólogo a la edición de 1895 de Las luchas de clase en Francia de 1848 a 1850, Engels se refiere vastamente a la participación y uso de los medios electorales. En dicho escrito, comenta que «aunque el sufragio universal no hubiese aportado más ventaja que la de permitirnos hacer un recuento de nuestras fuerzas cada tres años; la de acrecentar en igual medida, con el aumento periódicamente constatado e inesperadamente rápido del número de votos, la seguridad en el triunfo de los obreros y el terror de sus adversarios, convirtiéndose con ello en nuestro mejor medio de propaganda (…) aunque no obtuviésemos del sufragio universal más ventaja que ésta, bastaría y sobraría ». Apunta que, a parte de ello, también les dio más, a lo que añade que «nos ha suministrado un medio único para entrar en contacto con las masas del pueblo allí donde están todavía lejos de nosotros, para obligar a todos los partidos a defender ante el pueblo, frente a nuestros ataques, sus ideas y sus actos». Hasta este punto se puede constatar cómo el sufragio tiene una utilidad mayor a la esperada por todos aquellos opositores al mismo. Sin embargo, Engels también apunta cómo la lucha a la forma antigua, con barricadas en las calles y un ejército insurreccional para combatir la reacción, estaba un poco anticuada y era bastante inefectiva, y que el plano de lucha se había trasladado a las instituciones, donde «entraba en acción un método de lucha del proletariado totalmente nuevo, método de lucha que se siguió desarrollando rápidamente. Se vio que las instituciones estatales en las que se organizaba la dominación de la burguesía ofrecían nuevas posibilidades a la clase obrera para luchar contra estas mismas instituciones». A simple vista, parecería que Engels renuncia al método revolucionario, igual que Bernstein, pero no es así. Engels apunta diciendo «¿Quiere decir esto que en el futuro los combates callejeros no vayan a desempeñar ya papel alguno? Nada de eso. Quiere decir únicamente que (…) las condiciones se han hecho mucho más desfavorables para los combatientes civiles y mucho más ventajosas para las tropas. Por tanto, una futura lucha de calles sólo podrá vencer si esta desventaja de la situación se compensa con otros factores». Después de ver esto, se puede concluir que la esencia del uso de las elecciones no está en su confianza o desconfianza total, sino en saber cuándo usarlas, en momentos relativamente estables donde la mayor importancia reside en hacer un conteo de militantes y exponer a la mayor cantidad posible de personas el programa, y cuándo no, cuando el capital tenga uno de sus típicos flaqueos y sea necesario pasar a la acción directa para conseguir las reivindicaciones deseadas.

La participación electoral de los comunistas en el siglo XX

A principios del siglo XX, el grueso, por no decir que toda la socialdemocracia, se hallaba embebida en la lucha electoral. Los métodos como huelgas o mítines se habían suspendido. Incluso los llamados marxistas ortodoxos, liderados por Karl Kautsky y opositores a los revisionistas de Bernstein, se hallaban totalmente apartados de la lucha por acción directa. En cierta medida, esto se justificaba por las favorables condiciones a la lucha por medios legales, pero tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, y la actitud de apoyo de muchos socialdemócratas a las políticas nacionalistas para la guerra, quedó en evidencia cómo la causa real de ello era oportunismo, fomentado por la mayor facilidad de luchar por dichos medios. Por su parte, revolucionarios como Rosa Luxemburgo fueron críticos con ello. Luxemburgo, en Reforma o Revolución apunta:

 “Sabemos que el Estado imperante no es la ‘sociedad’ que representa a la ‘clase obrera en ascenso’. Es el representante de la sociedad capitalista. Es un Estado clasista. Por lo tanto, sus reformas no son la aplicación del ‘control social’, es decir, el control de la sociedad que decide libremente su propio proceso laboral. Son formas de control aplicadas por la organización clasista del capital a la producción de capital. Las llamadas reformas sociales son promulgadas en beneficio del capital (…)  Ello se manifiesta de manera tangible en el hecho de que apenas la democracia tiende a negar su carácter de clase y transformarse en instrumento de los verdaderos intereses de la población, la burguesía y sus representantes estatales sacrifican las formas democráticas”

(R. Luxemburgo. 1900)

Muy bien dicho es lo que apunta Luxemburgo, y se poseen múltiples ejemplos de ello. Por poner uno, cuando en 1973, en Chile, Salvador Allende ganó las elecciones e inició una serie de reformas tendientes al socialismo, la respuesta de la clase capitalista fue un golpe de estado, y con ello la negación de su democracia. Ni siquiera hay que declarase marxista o comunista para que la reacción actúe violentamente; basta con realizar algunas reformas que afecten a los capitales, y de inmediato se pondrá en marcha algún plan para debilitar al gobernante y revertir las reformas. Eso sería asunto para tratar en otra ocasión, así que continuemos.

Rosa Luxemburgo no sólo escribió criticando lo que tachó de cretinismo parlamentario, sino que también trató sobre la correcta participación en la maquinaria estatal burguesa. Afirma que «con el objeto de ser eficaz, la socialdemocracia debe apropiarse de todas las posiciones asequibles en el actual Estado e invalidarlo todo. No obstante, el prerrequisito es que estas posiciones hagan posible profundizar la lucha de clases, la lucha contra la burguesía y su Estado». No puede tener más razón. La única forma de que los comunistas puedan hacer algo útil participando del estado burgués, es utilizándolo para agudizar la lucha de clases, es decir, utilizándolo contra los capitalistas.

Como observamos, a principios del siglo XX la mayoría de la socialdemocracia optaba por las vías electorales. Incluso Lenin y los bolcheviques, tras la revolución de 1905, optaron por esta vía inicialmente. ¿Por qué?, porque el movimiento revolucionario había bajado sus ánimos, y la forma de continuar ganando terreno a los capitalistas, era participando de sus instituciones, más por obligación del momento que por iniciativa real. Sin embargo, 12 años después las cosas serían muy distintas. Tras la Revolución de Febrero, Lenin postuló a los bolcheviques que era el momento de continuar hacia la revolución proletaria. Los mencheviques y los eseristas de derecha se aliaron con los liberales demócratas para instituir una república burguesa, abandonando a todos los trabajadores que habían participado en la revolución. Ante esto, los bolcheviques avanzaron en los soviets, los órganos reales de poder obrero, y sus propuestas de paz, pan y tierra posibilitaron la Gran Revolución Socialista de Octubre. Por primera vez en muchos años, los obreros volvían a la acción directa, y ante la espantada mirada de los capitalistas, y también de los socialdemócratas de Kautsky y compañía, en toda Europa, desde Rusia hasta Alemania, estallaron movimientos revolucionarios, movimientos verdaderamente marxistas y obreros que opusieron los alzamientos a la pasividad del centrismo llevado hasta ese momento.

Sin duda alguna, la Revolución Bolchevique marcó no sólo la historia mundial sino también la del movimiento comunista internacional. Este evento configuró la segunda gran división dentro del movimiento. Por un lado, se constituyeron los sectores del llamado comunismo de izquierda, opuesto al vanguardismo y al bolchevismo en general, y tendiente a la autonomía proletaria y a espontaneidad revolucionaria. Por otro, los seguidores de Kautsky formaron los sectores del llamado centrismo, intermedio entre la socialdemocracia y el bolchevismo. Estos últimos fundarían la Unión de Partidos Socialistas para la Acción Internacional, conocida más comúnmente como la Internacional 12. A pesar de estar aparentemente en contra de la socialdemocracia ya revisionista, con el tiempo, terminaron degenerando en la actual Internacional Socialista, de corte socialdemócrata. Por último, se constituían los seguidores de los bolcheviques, fundadores de la Tercera Internacional.

En la década de los años 1920, el esplendor revolucionario de 1918 y 1919 se había extinto, ante el aplastamiento de todos los alzamientos obreros, excepto la URSS. Pare este punto, ya se pueden observar claramente las divisiones acerca de la participación electoral. Los comunistas de izquierda tomaron posiciones más cercanas al anarquismo, y se abstuvieron de tomar parte en las elecciones. Por otro lado, los partidos centristas se unieron a los socialdemócratas ya totalmente revisionistas, y se preocuparon únicamente por participar en las elecciones. Sólo los partidos de la Tercera Internacional, así como los de la Internacional ​3 12 y posteriormente de la Cuarta Internacional, aunque en menor medida, tomaron posiciones dialécticas al respecto.

Para ilustrarnos al respecto, Stalin trata el punto en sus Fundamentos del leninismo. En dicha obra anota:

“Algunos creen que el leninismo está, en general, en contra de las reformas, de los compromisos y de los acuerdos. Eso es completamente falso. Los bolcheviques saben tan bien como cualquiera que, en cierto sentido, “del lobo, un pelo”; es decir, que en ciertas condiciones las reformas, en general, y los compromisos y acuerdos en particular, son necesarios y útiles. No se trata, evidentemente, de las reformas o de los compromisos y acuerdos en si, sino del uso que se hace de ellos. Para el reformista, las reformas son todo, y la labor revolucionaria cosa sin importancia, de la que se puede hablar para echar tierra a los ojos. Por eso, con la táctica reformista, bajo el Poder burgués, las reformas se convierten inevitablemente en instrumento de consolidación de este Poder, en instrumento de descomposición de la revolución. Para el revolucionario, en cambio, lo principal es la labor revolucionaria, y no las reformas; para él, las reformas son un producto accesorio de la revolución. Por eso, con la táctica revolucionaria, bajo el Poder burgués, las reformas se convierten, naturalmente, en un instrumento para descomponer este Poder, en un instrumento para vigorizar la revolución, en un punto de apoyo para seguir desarrollando el movimiento revolucionario. El revolucionario acepta las reformas para utilizarlas como una ayuda para combinar la labor legal con la clandestina, para aprovecharlas como una pantalla que permita intensificar la labor clandestina de preparación revolucionaria de las masas con vistas a derrocar a la burguesía.”

(I. Stalin. 1924)

Stalin explica el uso que se le debe dar a las reformas, obtenidas por los medios electorales, y a la revolución, es decir, al alzamiento fuera de las instituciones. Lo que aquí se necesita entender, es que es inútil aceptar o rechazar totalmente cualquier método de lucha, lo que es útil es saber emplear cada uno en el momento preciso; en los momentos en los que haya que emplear la fuerza con huelgas y boicots, se hace, en los momentos en los que se deben emplear los medios institucionales capitalistas contra ellos, se hace.

Tras la Gran Depresión, el movimiento revolucionario internacional se encontraba, nuevamente, ante un escenario prometedor. Sin embargo, esta vez se enfrentaba con un discurso distinto: se enfrentaba a la reacción más amarga, al nacionalismo exacerbado como medio de la burguesía para reprimir al proletariado, se enfrentaba contra el fascismo y su demagogia populista. Ante esto, la Tercera Internacional adopta la estrategia del Frente Popular, para unir a todas las fuerzas antifascistas, comunistas, anarquistas y socialdemócratas, para detener a la reacción chovinista. Esta estrategia tuvo su éxito momentáneo. Sin embargo, la poca cohesión entre los sectores llevó a que no tuviera la efectividad suficiente para detener al fascismo.

Tras la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría, los partidos comunistas y obreros, inicialmente, siguieron en su mayoría la línea del COMINFORM, que era, en resumidas cuentas, la misma de la Tercera Internacional. Sin embargo, la muerte de Stalin trajo más rupturas al movimiento comunista internacional. El pronunciamiento, por parte de Jruschov, del llamado discurso secreto, inició el proceso de “desestalinización”, con lo cual, el revisionismo abierto tomó el poder en la Unión Soviética. Ante ello, el movimiento comunista internacional sufrió una nueva división: por una parte, se consolidaron los llamados antirrevisionistas, alineados con el Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania, y por otra parte, los demás partidos siguieron la línea política del PCUS.

Este periodo se caracterizó por una gran crisis de la dialéctica. Las posiciones de los partidos no se definieron, en la práctica, por la utilidad o inutilidad al proletariado, sino entre quién era el más revolucionario. La carencia de cohesión llevó al estancamiento de los partidos comunistas. Las posiciones respecto a la participación electoral, que se han comentado con anterioridad, se observaron nuevamente, aunque con varios cambios. Ya se mencionó el hecho de que las posturas abstencionistas se asociaron, comúnmente, con las posiciones de ultraizquierda. Sin embargo, muchos hoxhaístas y algunos maoístas, de los marxistas, tal vez, más opuestos al comunismo de izquierda, tomaron dichas posiciones, y se abstuvieron de participar en las elecciones, optando en su mayoría por una lucha armada en condiciones poco favorables. Si bien lo anteriormente mencionado constituye una gran contradicción con las leyes de la dialéctica, la posición que mejor ejemplifica esto es la llamada estrategia de combinación de todas las formas de lucha. Esto es negar totalmente el análisis dialéctico, niega la forma de adaptación para conseguir eficientemente los objetivos y el uso consecuente de distintas formas de lucha por tratar de rebelarse en formas inútiles; es hacer todo y a la vez hacer nada. Esta estrategia se observó, más que todo, en las naciones latinoamericanas. En Europa, entre tanto, muchos partidos comunistas optaron por todo lo contrario; luchar únicamente por medios institucionales, convirtiéndose al llamado eurocomunismo, más cercano a la socialdemocracia.

Esta crisis se observó desde los años 1960 hasta los 1980. Mas, después de 1980, las cosas no sólo no mejoraron, sino que empeoraron. La caída de la Unión Soviética agudizó aún más la crisis del movimiento comunista internacional.

Después de la disolución de la URSS y hasta la actualidad, los partidos comunistas y obreros han optado, en su mayoría, por abandonar la combinación de todas las formas de lucha y, en general, la lucha por medios extra-institucionales, para adoptar la lucha en las instituciones estatales. En gran medida, esto puede estar justificado por las condiciones adversas a la revolución. Sin embargo, muchos comunistas han olvidado completamente la revolución, poniendo, como su fin máximo, el triunfo por medios electorales. Pocos son los comunistas que optan por medios revolucionarios. En algunos países, la lucha armada subsiste. Pero, en la mayoría de casos, no es llevada por la vía adecuada.

Parecería que estamos en una crisis insuperable, pero no es así. Es, de hecho, el momento justo para retomar el análisis dialéctico, y tomar posiciones de acuerdo a nuestras condiciones materiales.

¿Cuál es la posición que debemos tomar frente a las elecciones?

Como ya se ha comentado anteriormente, respecto a las elecciones, y en general a la participación en el estado capitalista, sería inútil posicionarse totalmente a favor o totalmente en contra. Para saber qué posición hay que tomar, es necesario analizar las condiciones en las que se desenvuelve el movimiento revolucionario.

En primer lugar, ¿Cuándo es prudente participar en las elecciones? Este es, tal vez, el punto más polémico. La posición más lógica, es que la participación en las instituciones capitalistas, se debe dar en momentos estables, donde la burguesía no haya expresado su opresión directamente, y la labor primordial sea abonar el camino a la revolución. —¡Pero eso es legitimar a la burguesía en el poder!— reclamarán algunos. No, el participar de las instituciones burguesas no es legitimar a la burguesía, es usar las armas del enemigo contra él mismo. Utilizar las elecciones es, de hecho, poner a la burguesía entre la espada y la pared. A medida que los comunistas crecen en las elecciones, a la burguesía se le presenta un problema cada vez mayor. Es evidente que el triunfo electoral de los comunistas no le conviene a sus intereses para nada. Pero, si los comunistas crecen y crecen en número, la única forma de detenerlos será por la fuerza, eliminando así toda la fachada de democracia que los capitalistas se han construido durante años, y legitimando otro tipo de acciones. —¡Pero si se utilizan las elecciones, ahí se van a quedar!— alegarán otros. Esto puede suceder, pero si se utilizan las elecciones de la forma adecuada, se volverá imposible. Los comunistas se expondrán al público tal como son, como dijeron Marx y Engels «los comunistas no tienen nada que esconder». ¿Cómo son los comunistas?: revolucionarios, democráticos y anti-burocráticos. Si, eventualmente, los comunistas se acomodan en torno al burocratismo estatal, su imagen se verá deteriorada, y las masas que tanto requieren para ellos, los castigarán con su indiferencia. Aquel comunista que se acomode en el estado será un alto traidor, ya que abandonó la lucha proletaria y abrió la puerta a la reacción.

Diversos autores tratan ello, entre los que me gustaría destacar a Francisco Mosquera, líder marxista colombiano. En una entrevista que le hicieron en el año de 1972, titulada Colombia: Tres vías a la revolución, el entrevistador le preguntó si no sería quedar enredado en el estado participar en las elecciones, a lo que Mosquera respondió:

“La discusión sobre si es permisible o no para el proletariado participar en las elecciones es algo que está suficientemente aclarado por el marxismo. Si nosotros no habíamos entendido este problema y habíamos sostenido la tesis de que la abstención es la línea general correcta, era precisamente por nuestro desconocimiento del marxismo, al menos en este punto.

Vamos a las elecciones con el mismo criterio con que han participado en diferentes épocas y en distintos países con instituciones parlamentarias burguesas los partidos proletarios auténticamente revolucionarios. Mientras no haya condiciones para derrocar las instituciones parlamentarias burguesas, y mientras haya por lo menos una minoría considerable de la población que aún crea en esas instituciones, es un deber de los comunistas participar en la lucha electoral y combatir desde el parlamento -como desde afuera- para producir las condiciones que permitan las destrucción de estas instituciones caducas y su suplantación por instituciones verdaderamente democráticas, representativas de los obreros, de los campesinos y del pueblo, en las cuales esté depositado todo el poder del estado”

(F. Mosquera. 1972)

Ahora, es evidente que la lucha por medios electorales no es la única forma de lucha. Ni siquiera es la más óptima para la revolución, sino simplemente la forma de abrir paso hacia ella. Entonces, nos debemos plantear la pregunta, ¿Cuándo es prudente optar por otros medios de lucha? Si la respuesta para las elecciones es que se deben aplicar en momentos en los que se esté preparando todavía al proletariado para la revolución, dichos medios deberán ser aplicados cuando el proletariado ya esté listo para tomar el poder en sus manos. ¿Cuándo será eso?, es algo que sólo se podrá determinar en cada lugar cuando suceda. Un indicador podría ser mediante el sufragio, que Engels dice es «el índice de madurez de la clase obrera»; cuando las votaciones expresen resultados adversos a los capitalistas, será el momento de proceder al alzamiento. Pero ¿Cómo ese alzamiento va a triunfar? Ahí es donde entramos nosotros. Hasta el momento, nuestro análisis podría sugerir que nosotros, como partido comunista, somos prescindibles para la revolución, pero no podría haber cosa más equivocada. Nuestra función tiene dos etapas. Antes de la revolución, en la época de la lucha electoral, debemos no sólo exponernos en las elecciones, sino también iniciar medidas de concientización para fomentar la conciencia de clase. Durante la revolución, debemos liderar a las grandes masas trabajadoras, para garantizar el éxito de su rebelión. —¡Pero eso es vanguardismo— reclamarán algunos —va en contra de un alzamiento de masas; es elitista! Otro gran error: nosotros, como partido, no debemos hacer la revolución, debemos inducirla. La conciencia de clase sólo en pocas ocasiones se gana sola, por lo que es deber de aquellos que la poseen, fomentarla entre sus camaradas. Si no se hace eso, cada vez que el capital falle pasará (y pasa) desapercibido. Por el contrario, si se fomenta, cuando el capital falle las masas se alzarán, lo que se les ha indicado se ha cumplido, y por lo tanto hay que proceder a eliminar la causa de los problemas. ¡He ahí la gracia de que los proletarios se agrupen como partido!

Ahora, otra gran interrogante es, ¿Cómo proceder en la revolución? Existen múltiples formas, que se deben utilizar sabiamente de acuerdo al escenario revolucionario. Como comunistas, debemos sugerir al proletariado en general la forma adecuada, que garantice el éxito del movimiento. Entre las diversas formas destaca la lucha armada, que, para algunos, debe ser la forma de proceder. La lucha armada es un recurso arriesgado, dado que, evidentemente, los soldados profesionales de la clase capitalista tendrán la ventaja en los combates. Dicha situación arriesgada sólo se puede utilizar eficientemente en situaciones igual de adversas: en una dictadura, ocupación o cualquier otra artimaña en la que la burguesía se destapa tal y como es. En esas condiciones, es mucho más favorable obtener el apoyo popular necesario para poder vencer, dado que, la esencia de la guerra popular no reside en la guerra, sino en lo popular. La lucha armada se ha empleado varias veces erróneamente, sobre todo en Latinoamérica. Mosquera, refiriéndose a los grupos guerrilleros de Colombia, inspirados en la Revolución Cubana y la teoría del foquismo, dice que «no interpretaron un hecho fundamental de la revolución cubana: que Fidel Castro en la Sierra Maestra era el pueblo de Cuba en la Sierra». La única forma en que la lucha armada puede triunfar, es si el pueblo apoya la lucha armada.

Existen, además, otras formas de hacer la revolución, que se resumen en su mayoría en los alzamientos de masas, aquellos acontecimientos en los que los trabajadores expresan su fuerza directamente mediante huelgas, mítines y demás medios, con los que lo que hacen es manifestar su fuerza directamente. Este método es un poco más complicado, dado que genera un degaste mayor en menos tiempo. Sin embargo, dadas las condiciones actuales, podría ser, tal vez, el método más adecuado para lograr la revolución. No me voy a detener a explicar un tema tan complicado como lo es la articulación de un movimiento revolucionario de masas; dicho tema merecería un artículo completo.

Finalmente, podemos llegar a una conclusión. Los comunistas no se deben oponer totalmente a las elecciones, pero tampoco deben abrazarlas como su principal medio de lucha, ambas posiciones son, no sólo inútiles, sino también opuestas a los intereses del proletariado. Hay que entender los momentos de la lucha, cuándo atacar y cuándo resistir. No nos podemos quedar atascados en la lucha electoral; al fin de cuentas, en muy pocas ocasiones se puede obtener el triunfo por medios institucionales. Pero, tampoco los podemos olvidar, son una realidad con la que tenemos que vivir, y que debemos aprender a usar a nuestro favor. Lenin (1920) se refirió a ello diciendo que «mientras no tengáis fuerza para disolver el parlamento burgués y cualquier otra institución reaccionaria, estáis obligados a actuar en el seno de dichas instituciones precisamente porque hay todavía en ellas obreros idiotizados por el clero y por la vida en los rincones más perdidos del campo. De lo contrario corréis el riesgo de convertiros en simples charlatanes». Los partidos y movimientos comunistas y democráticos deben comprender esto muy bien y actuar consecuentemente, especialmente ahora, que la inmortal frase de Rosa Luxemburgo resuena en nuestros oídos más que nunca: ¡Socialismo o Barbarie!

Bibliografía

K. Marx, F. Engels. (1848). Manifiesto del partido comunista

K. Marx, F. Engels. (1850). Circular del comité central a la Liga Comunista

F. Engels. (1895). Introducción a la edición de 1895 de Las luchas de clase en Francia de 1848 a 1850 de Marx

E. Bernstein. (1899). Evolutionary Socialism

F. Engels. (1891). Contribución a la crítica del proyecto de programa socialdemócrata alemán de 1891

F. Engels. (1884). El origen de la familia, la propiedad privada y el estado

R. Luxemburgo. (1900). Reforma o revolución

T. Cliff. (1959). Rosa Luxemburg

V. Lenin. (1920). La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo

I. Stalin. (1924). Los fundamentos del leninismo

U. Valverde, O. Collazos. (1972). Colombia: Tres vías a la revolución. Entrevista a Francisco Mosquera

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s